Posted by on March 29, 2018

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Comment by Jorge Camors

UNESCO ALE Chair Coordinator, Uruguay, Assistant Professor – Institute of Education, University of the Republic (UdelaR)

Inclusion and diversity are two sides of the same coin. Inclusion can only be successful if we recognize our differences – our diversity – and use them constructively.  

How can we prevent social exclusion and allow everyone to participate in society?

First of all, I would like to point out that I think it is more convenient to speak of “social fragmentation”, because it shows a society that is shaped in “parts”, in “classes” that are increasingly different and separated from each other, where surely one of the parts shows, at times, indifference for the others, and in other cases it generates “exclusion”, in whole or in part, to the different spaces, services and goods of society. We live in societies formed by social classes, with different and even antagonistic interests, from which they build differentiated and even confronted “underworlds”. Societies with internal and external conflicts.

Therefore, the way to “prevent” social exclusion should be to recognize the existing “fragments” and work on each one of them, recognizing the different and confronted interests and projects, in order to work in becoming aware of each other’s situation and looking for the common points of the different sectors, and work on the conflicts, the only way to transform diversity into greater unity, recognizing the singularities.

Education can not “prevent social exclusion” but we can contribute to make education more inclusive and can promote and train for social participation. It will not be easy, it takes time and it will surely entail different risks.

How can adult education contribute?

Adult learning and education (ALE) can do a lot.

In the first place, it must consolidate with its own identity within education, in particular, and within society, in general, as the way to introduce rationality, information, knowledge and capacity for dialogue and communication, in a context of fragmentation and conflicts. There are many people who work as youth and adult educators, but they identify themselves more with the subject they work on (human rights, environment, job training and employment, health, housing and communities, agricultural producers, active workers). They do not identify themselves with the educational function, although they practice it.

Secondly, it can provide knowledge for the greater and better understanding of young and adult people, of their singularities, so that each one can find a space for listening and attention, where they can re-think their “place” in their micro space and from there, project themselves to society; that is, to think about themselves, to be able to think themselves in society. Becoming aware and taking on a thoughtful and active role is a current goal in ALE. It is possible to contribute to education for citizenship, participation and solidarity.

Thirdly, it can contribute to young and adult people, with children and adolescents in their family and community environment, to understand and accompany their educational processes, in school and outside of school, in life. The adult world must relearn its place and its relationship with the new place of childhood and adolescences in today’s world.

What approaches, curricula and learning institutions are necessary to create an inclusive (adult) education system?

The first thing to promote and achieve is a specific institutionality for young and adult education in the Educational System of each country. This is not easy because the idea that education is only at school and only for children and adolescents is too developed. Therefore, the first challenge is to have a recognized “place” in public education and from there develop all the necessary links and articulations.

The capacities for knowledge, understanding, communication and negotiation, all of them necessary skills for life, should be promoted by young and adult education, where everyone should be a participant and society and life should be the educational space.

In short, a lot should be done “outside” the school, so that it would become more inclusive.

A specific institution for ALE needs to be complemented with the training of education professionals who can develop policies, programs and projects. Professionals trained for the new educational practices that are required here and now.

And what does “inclusive” education really mean?

I prefer to speak of “education” rather than “teaching”, because the concern must remain to achieve diverse, harmonious, comprehensive and integrated educational proposals, that recognize, promote and favor the access and participation of all people, throughout life, with learnings that contribute to educational processes that are useful individually and socially, and productive, in order to create a better quality of life for all.

Inclusive education is a challenge for education professionals, but this goal can be achieved when society also becomes inclusive. It is both a pedagogical and political challenge.

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Comentario de Jorge Camors

Coordinador Cátedra EPJA de UNESCO (en formación), Profesor Adjunto – Instituto de Educación,  Universidad de la República Uruguay 

La inclusión y la diversidad son dos caras de la misma moneda. La inclusión solo puede tener éxito si reconocemos nuestras diferencias – nuestra diversidad – y las usamos de forma constructiva.

 

¿Cómo podemos prevenir la exclusión social y permitir que todas las personas participen en la sociedad?

En primer lugar deseo señalar que me parece más conveniente hablar de “fragmentación social”, porque muestra una sociedad que se va conformando en “partes”, en “estamentos” cada vez más diferentes y separados entre sí, donde seguramente alguna de las partes, manifiesta indiferencia a veces por las otras, y en otros casos genera “exclusión”, en forma total o parcial, a los diferentes espacios, servicios y bienes de la sociedad. Vivimos en sociedades conformadas por clases sociales, que tienen intereses diferentes y hasta antagónicos, a partir de los cuales van construyendo “submundos” diferenciados y hasta enfrentados. Sociedades con conflictos internos y externos.

Por lo tanto, la forma de “prevenir” la exclusión social debería pasar reconocer los “fragmentos” existentes y trabajar en cada uno de ellos, reconociendo los intereses y proyectos diferentes y enfrentados, para trabajar en tomar conciencia de la situación de cada y buscar los puntos en común de los diferentes sectores y trabajar sobre los conflictos, único camino para transformar la diversidad en mayor unidad, reconociendo las singularidades.

La educación no puede “prevenir la exclusión social” pero se puede contribuir a que la educación sea más inclusiva y se puede promover y formar para la participación social. No será fácil, requiere tiempo y seguramente conllevará diferentes riesgos.

¿Qué contribución puede hacer la educación de personas adultas?

La educación de personas jóvenes y adultas (EPJA) puede hacer mucho.

En primer lugar debe consolidarse con una identidad propia en la educación en particular, y en la sociedad en general, como el camino para introducir racionalidad, información, conocimientos y capacidad de diálogo y comunicación, en un contexto de fragmentación y conflictos. Hay muchas personas que trabajan como educadores de personas jóvenes y adultas pero se identifican más con la temática que trabajan (derechos humanos, medio ambiente, capacitación laboral y empleo, salud, vivienda y comunidades, productores agropecuarios, trabajadores en actividad). No se identifican con la función educativa, si bien la practican.

En segundo lugar puede aportar conocimientos para la mayor y mejor comprensión de las personas jóvenes y adultas, de sus singularidades, a los efectos de que cada uno pueda encontrar un espacio de escucha y atención, donde poder re/pensar su “lugar” en su micro espacio y desde allí, proyectarse a la sociedad; es decir, pensar en sí mismo, para poder pensarse en sociedad. Tomar conciencia y asumir un rol reflexivo y activo es una meta vigente en la EPJA. Se puede contribuir en la educación para la ciudadanía, la participación y la solidaridad.

En tercer lugar puede aportar a las personas jóvenes y adultas, con niños, niñas y adolescentes en su entorno familiar y comunitario, para poder comprender y acompañar sus procesos educativos, en la escuela y fuera de la escuela, en la vida. El mundo adulto debe reaprender su lugar y su relación, con el nuevo lugar de la infancia y las adolescencias en el mundo actual.

¿Qué enfoques, programas e instituciones de aprendizaje son necesarios para crear un sistema educativo (de personas adultas) inclusivo?

Lo primero a promover y lograr es una institucionalidad específica para la educación de personas jóvenes y adultas en el Sistema Educativo de cada país. Esto no es sencillo porque se encuentra muy desarrollada la idea de que la educación es solamente escolar y solamente para niños, niñas y adolescentes. Por lo tanto, el primer desafío es tener un “lugar” reconocido en la educación pública y desde allí desarrollar todos los vínculos y articulaciones necesarias.

Las capacidades para el conocimiento, la comprensión, la comunicación y la negociación, todas ellas habilidades necesarias para la vida, deberían ser promovidas por la educación de personas jóvenes y adultas, donde los participantes deberían ser todas y todos y el espacio educativo, la sociedad y la vida.

En síntesis, habría que hacer mucho “fuera” de la escuela, para que ésta se fuera construyendo más inclusiva.

Una institucionalidad específica para la EPJA requiere ser complementada con la formación de profesionales de la educación que puedan desarrollar políticas, programas y proyectos. Profesionales formados para las nuevas prácticas educativas que se requieren aquí y ahora.

¿Y qué significa realmente la enseñanza “inclusiva”?

Prefiero hablar de “educación” que de “enseñanza”, porque la preocupación debe seguir siendo, lograr propuestas educativas diversas, armónicas, integrales e integradas, que reconozcan, promuevan y favorezcan, el acceso y la participación de todas las personas, a lo largo de la vida, con aprendizajes que contribuyan a procesos educativos útiles individual y socialmente, y productivos, para poder crear una mejor calidad de vida para todas y todos.

La educación inclusiva es un desafío para los profesionales de la educación pero este logro podrá ser alcanzado cuando la sociedad respectiva, sea también inclusiva. Es un desafío pedagógico y político, a la vez.

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